El peronismo es producto de la cultura de masas. Todavía se escucha a algunos posmenemistas maliciar contra la "alta traición" del Grupo Clarín, a quien creen haberle hecho el favor de convertirlo en un multimedio sin rival. Silvio Santamarina
Dijo Perón: “El proceso de captación de la masa, si uno fuera a tomar uno por uno, es inalcanzable. Es algo así como el que quiere terminar con las hormigas agarrándolas una por una y tirándolas al fuego. Hay un procedimiento mucho más eficaz que los hombres olvidan, que es el de tomar la masa en grandes sectores. Los políticos nunca habían utilizado la radio para su acción (…). Imagínense lo que significa la utilización de los medios técnicos en la política, cosa que no habían hecho mis antecesores. Por eso me fue posible, el día anterior a las elecciones, dar una orden que al día siguiente todos cumplieron. Fue así como ganamos las elecciones.” Así relataba el General, a comienzos de la década del 50, la batalla que le aseguró el poder. El peronismo es un produc to de l a cultura de masas, y ésta una resultante del desarrollo tecnológico de los medios de comunicación. Por eso, Néstor Kirchner aparece hoy ante los ojos peronistas como un ganador de la política nacional a pesar de haber perdido en las urnas.
Primero los medios, después las urnas y por último los ciudadanos. Por eso Kirchner analizó que su derrota electoral se la debía principalmente a Clarín. Y por eso no perdió tiempo descifrando el mensaje de las urnas: mientras sus empleados distraían a la oposición presuntamente triunfante en mesas de diálogo, él operaba su golpe más audaz contra la Matrix de la opinión pública. El cable sin fútbol no es un negocio seguro, y Clarín sin “los cables” es apenas un diario influyente y rentable. Si a lo que le queda al Grupo además se le retira la pauta oficial, para –como avisó Cristina en el festín de Ezeiza– “reorientarla” hacia otros medios de la competencia, el reinado de Clarín tambalea, justo en un momento de turbulencia interna (por el proceso de recambio generacional que debe encarar la empresa en toda su conducción estratégica), y en un contexto regional de revolución tecnológica de consecuencias impredecibles para el negocio de la información y el entretenimiento Este escenario explica el clima de euforia que embriagaba a los kirchneristas asistentes al acto de traspaso del fútbol televisado.
La obsesión de los Kirchner con los medios de comunicación no sólo surge de la doctrina de Perón. También aprendieron de la experiencia de Carlos Menem: todavía hoy se escucha a algunos posmenemistas maliciar contra la “alta traición” del Grupo Clarín, a quien creen haberle hecho el favor de convertirlo en un multimedio sin rival, para luego sufrir la puñalada de una campaña sistemática de estigmatización de la era menemista. Así llegamos a un momento en que la clase política argentina desconfía profundamente de la prensa, la radio, la tevé e internet, al mismo tiempo que sus principales caudillos dedican buena parte de su tiempo y dinero a erigirse como magnates de los odiados medios de comunicación. Y en este punto aplica el dilema del huevo y la gallina: ¿los políticos quieren comprar medios porque temen su poder letal o los medios se volvieron armas letales precisamente en manos de los operadores de la política? Como muchas preguntas teóricas, ya es tarde para responderla, o al menos es tarde para que su respuesta cambie el estado de las cosas. Lo sabe muy bien Kirchner, que es un Homo pragmaticus disfrazado –como buen pragmático– de Homo ideologicus.
El tonificante massmediático que acaba de administrarse Kirchner le devolvió la fuerza para soñar a lo grande en el 2011. La duda es si daría la pelea dentro del peronismo o por afuera, pero en todo caso es la misma duda que tienen hoy todos los presidenciables: Cobos coquetea en la cornisa de la UCR, igual que Lilita Carrió. Lo mismo debaten las facciones internas del PROperonismo. ¿Se reconstruirá algo parecido a un bipartidismo o se profundizará esta onda larga de atomización de la oferta electoral? En parte depende de los tiempos de la política, que estarán marcados por los vaivenes de la estabilidad institucional. Por ahora, Kirchner parece haberse recuperado del cachetazo electoral, mientras que los espacios opositores verifican que la buena performance en las urnas no les garantiza cohesión interna, sino más bien al revés, a juzgar por la balcanización del antioficialismo y su dramática incapacidad para apropiarse de la agenda pública. Es cierto que sigue vigente la paradoja K, que dice que a más hegemonía, más poder autodestructivo: el kirchnerismo también ha demostrado –como la oposición– su habilidad para malograr un panorama favorable. Así que es posible que, si la oposición no encuentra un liderazgo aglutinador con fuerza para contrapesar a Kirchner, el propio Néstor se enrede en un laberinto de soberbia que lo haga chocar contra la pared, y ese muro está formado por la sociedad civil, llámese Villa 31, militancia ruralista, ligas de consumidores de energía hogareña impagable, fieles católicos escandalizados con las cifras del hambre, etc. El problema es que, mientras tanto, el sector privado teme que no haya nadie que se le pueda plantar a Kirchner cada vez que interviene en el mercado con recursos estatales. Por eso impactó tanto la semana chistosa del Lole Reutemann, quien prácticamente se bajó –por enésima vez– del podio de los presidenciables. Y si la oposición no produce algún emergente que defienda con firmeza los intereses privados mientras dure la iniciativa K, entonces es posible que los empresarios que en los últimos tiempos se animaron tibiamente a diferenciarse del Gobierno vuelvan temerosos a protegerse bajo el ala oficial, lo cual fortalecerá más esta resurrección kirchnerista.
Entonces sólo quedará, como ya es costumbre en la democracia argentina, la presión del periodismo contra los actos polémicos del Gobierno. Aunque incluso eso está puesto en duda por estos días. Por ejemplo, en el macrismo acusaron recibo de la lluvia de críticas por la elección del Fino Palacios para comandar la policía porteña. Pero en un segundo análisis, se permitieron dudar de la opinión pública reflejada en los medios de comunicación, y mandaron a medir estadísticamente la valoración de los votantes PRO acerca de la figura del Fino Palacios: dicen que el resultado fue nulo. Casi nadie sabía quién era cuando los encuestadores sondeaban la opinión sobre el personaje. La conclusión que sacaron es que no debían preocuparse tanto por los títulos de los diarios, hasta que el flamante jefe policial comenzara a mostrar los primeros resultados concretos de su gestión. “Hechos, no palabras”, sería la traducción más simple.
Kirchner predica la misma lógica, que hoy es moda en la política: los medios mienten. ¿Será por eso que se los quiere comprar?
sábado, 22 de agosto de 2009
viernes, 7 de agosto de 2009
Miserias Políticas
Hola a todos,en esta oportunidad quiero mostrar un informe que realizo el señor Pino Solanas sobre el Hospital Rivadavia.El mismo fue realizado antes de las elecciones(para recolectar votos) el cual, trata de evidenciar las miserias de los partidos contrarios y de los actuales funcionarios pero, sobre todo, muestra como el gobierno de Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires parece tener una concepción extraña del respeto por el derecho a la salud de los ciudadanos más pobres. Los hacen esperar más de 4 meses para acceder a una simple operación de vesícula, los hacen ir a las 6 de la mañana para conseguir un turno muchas horas después, los atienden en consultorios en los que se mueren de frío o los obligan a llevar agua mineral porque no hay desinfectantes ni gas en algunas zonas de los hospitales, entre otras increíbles vicisitudes.
Ahora,¿Está es la Argentina que queremos?
Ahora,¿Está es la Argentina que queremos?
jueves, 6 de agosto de 2009
LA HORMIGUITA Y EL PINGüINO
Hay muchas formas de contar la etapa del kirchnerismo en nuestra reciente historia política. Una de esas formas podría ser la fábula de la hormiguita y el pingüino. Tomar solo dos personajes tan importantes como Graciela Ocaña y Néstor Kirhcher y analizar como, cuando y porque se juntaron, como evolucionó esa relación y como terminó. Y digo que esa vinculación política terminó porque el reportaje que la ex ministra de Salud le dio ayer al diario La Nación es como una forma de cerrar formalmente ese nexo que ya estaba muy deteriorad de antes y que no daba para más. Veamos que pasó en el campo de las ideas. Néstor, (a) “El Pingüino”, llegó al poder en el 2003 y Graciela (a) “La hormiguita” se sintió convocada por los sueños de transformar a la Argentina en un país mas serio mas justo y equitativo donde la honestidad fuera moneda corriente. Eran los tiempos de apostar a la independencia de la Corte Suprema, de recuperar el rol del estado y la política y de levantar la bandera de los derechos humanos. Estaban cerca de ese fogón ideológico Hermes Binner, Luis Juez, Anibal Ibarra y Martín Sabatella, entre otros. Hoy “La Hormiguita” está construyendo otro espacio político con las mismas utopías y, tal vez con varios de esos mismos compañeros de ruta. “El pingüino”, en cambio hoy camina junto a sus dos principales aliados: Mario Ishii y Hugo Moyano. El intendente en uso de licencia ficticia en Jose C. Paz es tal vez el máximo símbolo del clientelismo del conurbano bonaerense y de la forma mafiosa de hacer política que tanto denunciaron Kirchner y Luis D’Elía en su momento. Ishii es pejotismo ortodoxo, cero ideología y cero escrúpulos. Incluso exportó a Catamarca sus convicciones de repartir dinero a cambio de votos. Hugo Moyano es precisamente el emblema del sindicalismo que se eterniza en sus cargos y que hace negocios millonarios y se coloca de los dos lados del mostrador como bien denunció Ocaña. De hecho el manejo nada transparente y flojo de papeles que hizo del dinero de las obras sociales fue el disparador de la operación para expulsar del poder a Ocaña que Moyano hizo siempre con la complicidad de Néstor Kirchner. Eso es en el campo de las ideas. En el campo de las finanzas, sería muy bueno comparar las declaraciones juradas de los patrimonios de ambos. Tal vez lo mas importante que Ocaña dijo es que está buscando trabajo. Esto que debería ser una regla en un gobierno honesto es una clara excepción. La mayoría de los funcionarios salen de la función pública mucho mas rico de lo que entraron. Ocaña salió mas pobre y ahora tiene que ir a trabajar como cualquier mortal. ¿Cuántos políticos van a trabajar cuando dejan el gobierno? En estos años de relación política entre el Pingüino y la Hormiguita, él multiplicó por siete su fortuna y ella vive con austeridad y con un patrimonio tan modesto como el que tenía cuando le tocó dirigir el PAMI y ser ministra. Esta fábula podría tener una moraleja: que ambos vivan organizados en colonias no es garantía de buena convivencia. Las hormigas son laboriosas y los pingüinos son las únicas aves que no vuelan.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)